
Hoy estoy un poco nostálgica, otro tanto melancólica. Para ser más exacta sufro del mal de amores; esa enfermedad que padece un 90% de la población mundial. El otro 10% corresponde a los hijos de puta sin corazón que por buenos motivos no padecen de ese mal. Mejor, cabe destacar que este variable porcentaje es medido por el INDEC, por lo tanto deben ser más de los que cuentan vuestras mentes, un poco ingenuas.
Faltan, solo, algunas horas para saber sí podré vivir mi amorío libremente con la dulzura de su aroma característico, con el delirio agradable, con la inquietante vibra de mi cuerpo y los gestos molestos que en mi rostro provoca.
Quizás falten minutos para terminar de resolver si finalmente lograremos reírnos sin razón, comer al son del "bajón" y librar nuestra relación sin que nadie nos juzgue/ prejuzgue por el solo hecho de estar "chinos", con bolsitas debajo de los ojos o con los párpados rozaditos a la hora de enamorarnos con él / ella.
Restan segundos para gritarle al mundo que me encuentro bajo una relación de dependencia con el cannabis. Al fin y al cabo podré decir que no es tan malo como dicen, empero que si alegra mis días de mal humor.
Es simplemente mi metamorfosis solo ante un mal día!