sábado, 30 de marzo de 2013
Disparo.
jueves, 28 de marzo de 2013
Como niños.
domingo, 10 de marzo de 2013
Declarándome culpable
jueves, 7 de febrero de 2013
Mamá Quilla
miércoles, 6 de febrero de 2013
Puentes.
sábado, 11 de agosto de 2012
Un mandatario pelotudo –mejor dicho más vivo que pelotudo- Pensaste.
Recordaste al gordo Soriano, y deseaste volar en el “Torito” y llenar
de mierda la municipalidad y a los policías, dueños de la privación de
tu libertad, de tu imaginación, y dueños del discurso invertido.
Suena comprador, es cierto. Desliza palabras vendedoras con una vos
bajita, dice preocuparse por tu voz y por tu voto. Promete defenderte y
hoy suena como patrón, como generador de tu opinión. Agobian las
palabras llenas de privatización hasta de la expresión.
Patrón de tu locura, y de la de todos. de los que pueden manejarlo, y de los que no también.
domingo, 14 de noviembre de 2010
Amas de casa poco desesperadas.

Pensé que la tarea era fácil, rápida. Ahora lo veo como una obligación complicada, en las horas donde el mal humor llama a tu puerta para que no te olvides que existe y que siempre estará rompiéndote las pelotas, en el mejor sentido de los dichos. Y mientras puteo, doblando ropa, acomodando zapatillas, pasando el trapo en el baño, lavando ropa, limpiando la cocina, tirando el botón que jamás llegaron a apretar, o en el momento de cambiar el papel higiénico que el de adelante nunca cambió, seguro por falta de tiempo. En ese preciso instante, me hago algunos cuestionamientos respecto a este lado oscuro de la limpieza y el orden cotidiano.
¿Quién dijo que se debe barrer todos los días?
¿Quién olvido escribir dentro de los siete pecados capitales que, si o si, debe bajarse la tabla después de orinar? Atentí con este punto. Acá, sinceramente, puede pasarte lo peor si no llegas a cumplir -a raja tabla- con las normas religiosas. (reclamo generalizado entre las mujeres)
¿Por qué los hombres se aprovechan de un solo olvido para echártelo en cara, alrededor de 48 horas seguidas? No es justo. Ellos se la pasan dejando todo tirado. Y vos ahí, como una zorra, detrás de ellos para doblarles la ropita.
Otra cosa, alguien debería agregar en los prospectos cuánto baygon se echa antes de quedar cuasi envenenada. No somos expertas ¿Ok?
¿Es necesario gastar un tarro de lysoform por semana? Definitivamente, NO.
En momentos de locura total, ¿podemos echar a nuestro compañero por un rato? O ¿solo tenemos que respirar, profundo, durante unos minutos con el fin de no mandarlo a cagar? Personalmente, opto por la primera opción, sumado a unas lindas oraciones como: “Andate bien a cagar. Nos ves, me la paso limpiando para que vengas y dejes todo tirado. Mierdaaaa”. Capaz, lo último, puede validarse después de un par de años de convivencia. Podemos analizarlo según el caso.
¿Resulta dificultoso no mojar el espejo y el piso del baño para lavarse la cara?
Y la curiosidad –mi curiosidad- todas estas preguntas, con obvias respuestas, terminarán con un desenlace feliz. Digo, ¿cambiarán para bien? O ¿colapsaremos con un sinfín de puteadas apropiadas para la ocasión?
domingo, 29 de agosto de 2010
Por no acariciarle el "culito"
Pueden pasarte muchas cosas si no destapas el mate con fervor. No es una teoría científica. Más que nada es una cuestión de fe antes del frotado, acompañada de una seguridad tremenda y absoluta, aunque algunos lo desmientan.
Si posees grandes inseguridades o dudas en demasía será mejor que no lo intentes, lograrías potenciar tu frustración, no solo porque arruinarías el mate, sino porque, también, descifrarían la inexperiencia del cebador. Y por más que quieras echarle la culpa a la bombilla -pobrecita-, ella no tendrá el pecado encima. Podrás refregarla, hundirla a presión bajo la yerba lavada, empujar y redondear por debajo del mate, hasta lo más hondo, sin embargo no lo lograrás ¿por qué? porque ya destruiste la obra de arte verde y burbujeante. Acto seguido, Te sacarán la ficha de incapaz, arruinador de mates, quemador de yerba e inexperto en la materia cultural argenta por excelencia. Sin contar que tu inseguridad brotará al punto máximo de tus extremidades.
La gente ansiará tu mate, amargo, y se lo darás dulce, lo que empeorará la situación. Pues justo, en ese instante, tus amigos tendrán los bizcochos (Jorgito) entre los dientes y sin un "amargo" deberán optar por darse patadas en el pecho, entre si, con el propósito de intentar bajar esa masacota grasulienta, de agradable sabor.
Pero claro, como vos y tu inseguridad repudiaron el acto religioso de las caricias afables (a algo que jamás te gritará por hacerlo) se irá todo al carajo. Chau momento cultural. Y a la mierda los bizcochos, la charla, el agua a punto, la bombilla en condiciones y tu reputación.
domingo, 22 de agosto de 2010
Temáticas para discutir en familia

sábado, 24 de julio de 2010
¿De dónde viene la injusticia?

viernes, 16 de julio de 2010
lunes, 5 de julio de 2010
El libro de los abrazos
viernes, 2 de julio de 2010
Chau, jogo bonito





Salí de casa, uno a cero a favor de los del "jogo bonito". Voy a la cerrajería uno a uno, gol en contra de Brasil. Camino a la parada del colectivo, empece a escuchar bocinas (muchas) entonando un ritmo pelculiar, similar al son del festejo. No sabía si habian convertido los de naranja o los amarellos. Debo reconocer que por algunos miseros segundos pensaban todos como yo "la copa tiene que ser latina, por lo tanto veo bien que ganen los brasucas"....pero no. Arribe el 34, y definitivamente fue gol de los holandeses.
miércoles, 30 de junio de 2010
Somos del medio

lunes, 14 de junio de 2010
Antes del puntapié inicial
Acostumbrados a vivir cerca del retraso tan cotidiano, me desperté tarde- por no decir demasiado-, apenas minutos antes del gran momento.
Desplegué los pies en el piso -no se cual primero, seguro fue el derecho-. Ante una mañana nublada y entre la llovizna molesta decidí entregarme a la ducha transformadora de buen humor, elegí la ropa que descansaba en el piso, me empilche para la ocasión y no suelta de abrigo (campera, gorro y bufanda) abrí la puerta de mi casa con el fin de ver la mañana con otro color de ojos.
Debo admitir, las primeras miradas se desviaron hacia los perros vestidos -también con bufandas-, al rato, llegando a la avenida Rivadavia, las palpitaciones surgieron efecto, entre otras cosas, porque ya sabía sobre mi retraso (respecto al tiempo, ya que mis problemitas mentales existen hace rato). Y, asimismo, sospechaba que mis amigos iban a tener las palabras adecuadas para crucificarme apenas cruzase la puerta: “vos si que la hiciste bien. Llegaste tarde para no ir a hacer las compras”. Y si, tenían razón. Mirándolo así, tiré a chanta.
Mientras avanzaba, las familias corrían alegres, algunas mujeres permanecían caminando, pero en las cintas de algunos gimnasios –hecho totalmente inexplicable-. Los más chicos aceleraban sus pasos, sobre la avenida, con el fin de no perderse absolutamente nada de la historia que se pegan en los álbumes de figuritas. Las panaderías no daban a vasto con las medialunas, los cañoncitos, los vigilantes y las tortitas negras, ya que iban a oficiar de bulto dulce y silencioso para intentar mantener a los maridos sin gritar, al menos por unos segundos. Los carniceros permanecían locos y dispuestos a tirar pedazos de carne, como si fuesen piedrazos, a quien se atreviera entrar segundos antes de la magnifica apertura; los verduleros no lanzaban el tomate y la lechuga por la cabeza de los clientes, solo para aparentar ser cortés; otros locales directamente anunciaban el cierre durante dos horas; las peluqueras estaban disfrazadas y sin ganas de chusmear; pero la nota de color fue para los automovilistas, los repartidores de todo tipo de productos condenados a trabajar ese bendito día. Ellos fueron quienes, con sus bocinazos y banderazos, marcaron la aproximación de la hora clave, del momento justo.
Señores, Dios se aproximaba con traje y candado y solo dos especies de humanos no estaban frente al LCD de 50 cuotas y no se cuantas pulgadas. La primera especie tiene características bastante conocidas: manejan (muy mal), son hombres, en su mayoría se ganan el premio al mal humor, no saludan y son capaces de tirarle el automóvil cerca de un charco con el único objetivo de mojar a al pobre individuo que se encuentre en la vereda. Si, acertaron, el primer espécimen se trata de los colectiveros.
La maldición se echó sobre ellos. Mejor dicho, la maldición del D10s cayó encima de los tipos con toppers blancas. Andar aumentando el ruido del motor para imposibilitar el grito de una ciudad entera al momento del cabezazo de Heinze fue una guachada inmensa, no lo voy a negar. Igualmente, fue un poco drástico e injusto, además, para la otra especie humana que no quiso levantarse temprano y –ups- llegó tarde con un insuperable objetivo: presentarse cuando la picada ya estaba, muy bien presentada, en la mesa y con la carne en el horno.
martes, 8 de junio de 2010
Clemencia
Cuando pegamos el estirón, es momento de meditar. Y cuando nos ponemos a buscar casa para empezar a volar solos es tiempo de analizar, la tiranía de la vida, que deja de ser cómoda y acolchonada, como “dios” manda.
Desde ahora, la vieja no va estar para dejarme la comida a temperatura, de hecho lo más probable es que almuerce milanesa de soja dura, porque solo ella sabe el tiempo exacto de horneado.
De ahora en más, voy a tener que reponer yo el papel higienico del baño, y si por una de esas casualidades se me llega a olvidar colocarlo ¿a quien voy a gritarle de forma urgente y desgarradora para que me lo alcance? Nadie
Y si me enfermo ¿quién me traerá la comida a la cama? ¿Quién me dará el antibiótico? Y ¿Quién se quedará al costado de la cama esperando que la fiebre baje? Nadie
Esto de crecer no esta muy copado. Buscar el hogar apropiado es un quilombo, soy un desastre para las cuentas. Por segundos me ilusiono con las ofertas increíbles, pero vasta llamar a las pelotudas de las inmobiliarias para que te bajen la ilusión de ondazo, con respuestas como “ya esta alquilado, que lastima, era una oferta” y en la segunda te matan el doble diciendo “para entrar necesitas: un mes depósito, quinientos meses de adelanto, debes hacerte cargo del sellado, etc. En total son unos cinco mil pesos.” Pido piedad.
De verdad, pido clemencia hacia los jóvenes que buscan una propiedad adecuada para alquilar. No solo tenemos que hacernos cargo de todo, sino también debemos desprendernos de las comodidades, geniales, que acarreaba vivir con mamá.
jueves, 13 de mayo de 2010
El salmón
Siento meterme donde no debo, donde las personas o yo (todavía no lo averigüe) corren contra la corriente. Acá, el que piensa pierde. Quien decide ayudar se mete en problemas en vez de encontrar soluciones para los demás. Ya no hay seguridad sobre las decisiones, es momento de perderse entre las convicciones aplastantes y rígidas como el plomo.
El humo me envuelve, me convence de que ese encubrimiento podrido se basa de aire de aire puro y natural. Y hasta en un punto termino creyéndolo.
La real idea de cambiar el mundo, como lo pensaba hasta hace unos meses atrás, se me resbala de las manos. Antes podía sentarme durante horas a discutir sobre la existencia de seres humanos, jóvenes, con ganas de cambiar el mundo. De hecho la ilusión de juntar un ejército de voluntarios no podía desprenderse de mi cuerpo, de mi alma y mi cerebro. Poseía ideas claras e irrefutables, convincentes, sobre la ilusión de poder fundar un sistema mejor. Pero ya no.
Hoy si viniera Juan Carlos, compañero de militancia un tanto mayor, a decirme que el mundo no se puede cambiar por más ganas que le pongas, debería agachar mi cabeza para contestarle: “tenes razón Pipi”. El antiguo dicho, en este caso, tiene la verdad: El diablo sabe más por viejo que por diablo.
Poseo tantas razones que abandonan mi razón, que no comprendo para qué lado se dirige la buena gente. No hay ganas de escribir a raíz de la desazón. Yo quería cambiar el mundo, al menos algo.
Quizás sea la hora de convertirme en un pez “normal”, haciendo y diciendo cosas un poco más lógicas. Nadando para el lado que nadan todos, sin chistar, ni preguntar y ni se me ocurriría pensar.
viernes, 19 de marzo de 2010
La"Pajerosidad" del hombre

La tocadita de culo arriba de la bici no garpa. Una se encuentra totalmente indefensa, y más si el de las manos locas es un motoquero. Agarrarlo es prácticamente imposible, aunque en ese instante, mezclado entre bronca e impotencia, una piensa que con la bici puede lograrlo porque las ganas de patearle la cabeza, tirarlo de la moto y romperle la nariz son bastantes.
Después del mal momento, una sigue pedaleando con el enojo a cuestas, mientras el “pajero”, seguro, anda por la calle cagado de risa ya que logró apretarle el culo, como si fuese a exprimir una naranja, a la pobre chica de la bici, o sea yo. Y lo peor del caso es: el comentario del poder y la viveza con que lo narrará frente a sus amigos, que por supuesto sonreirán y lo felicitarán por su gran demostración de hombría y "pajerosidad"
Y sin embargo yo, me sigo preguntando por qué los hombres son tan pajeros y cara duras. Ya dan asco. Nadie les niega mirar a las mujeres o decirles un piropo –apropiado-, o un chiflido – menos el del bicho feo -. No vamos a negar que un "piropin"
miércoles, 17 de marzo de 2010
Autoayuda
Pocas veces ayudo a mi suerte. De hecho lo única vez que la socorrí me salió mal, realmente pésimo. En la última ocasión que utilicé el saco rojo, introduje diez pesos en el bolsillo de la misma y antes de sacarlo para guardarlos en la bilítera o bien gastarlos en cualquier pelotudez dije: “voy a dejarlos ahí para cuando la use nuevamente me encuentre una sorpresa”.
Pero la auto-suerte me salió tan mal que cuando volví a ponerme el saco, y tres segundos después recordé –ante mi memoria tan austera- que la plata la deje ahí apropósito.
Una tarada, la idea era no recordarlo y a posterior quedarme contenta, reflexionando sobre la aparición –como acto de magia- repentina del billete. Pero no, nada de eso sucedió. Definitivamente, la auto-suerte no suele posarse sobre mi realidad.

