sábado, 30 de marzo de 2013

Disparo.



Arma, pedal.
Me escudo en el andar.
El tiro, manifestar.

Tu chaleco, la violencia.
Me pierdo buscando fuera de tu ruta oscura, encarrilada en la soledad, avaricia, despechada de los que tienen el poder.
El poder egoísta de las armas soberbias en la mano de un ser humano. 

Busco un encendedor.
Un espejo de colores.
Una ruta lucida.
Y pedalear manifestándome en el festejo de la luna, de la lucha.    

Te pinto la oscuridad.
Abrazamos tu egoísmo.
Pisoteo tu poder al ritmo del mejor compás que logre molestarte tanto como un joven bailando en las calles.


Soberbia. No dejaste.

jueves, 28 de marzo de 2013

Como niños.

Crear un mundo con guión compartido, de sensaciones inventadas y travesuras en el aire. Cada palabra nueva va convirtiéndose  en el más divertido de los juegos de la imaginación entre dos seres humanos que resuelven seguir siendo… niños. Si. Niños que pueden caminar en la calle y en algunos pasajes con pintadas de próceres, colores, y expresiones de una época en la cual puede decirse todo de la manera deseada.
Dentro de ese contexto, van riéndose de la gorda y las rodillas redondas de un dibujo creyéndolo entender.
Bailar.
Caminar tiene sentido. Entre la noche y las luces detallistas de la luna. 
Van replicándose, la brisa.
El empedrado, pisadas al compás de una risa.
Muchas escenas; varios mundos.
El dulce aroma de una noche porteña.

domingo, 10 de marzo de 2013

Declarándome culpable


Literalmente en el medio de la ciudad, más precisamente en el Subte Línea B. De la estación Florida a Lacroze. Verdaderamente, sostenía tres opciones para pasar el viaje. Podía agarrar el celular y accionar la zombi android, o bien poner la misma cara de todos los pasajeros: rostros pensativos, preocupados, aburridos, tristes o zombis con la mirada perdida. Pocos leían, otros tantos escuchaban música. Solo una chica cantaba. Los demás, la observaban  con esas caras raras, de incomprensibles, como si ella fuese la “especial” por pasarla bien mientras los demás asumían la provocación al miedo directo. 

En el día de la mujer, alimentaba pensamientos. Corrían riesgo de olvido si no llegaba a plasmarlos en una hoja. Por suerte, después de leer las entrevistas a Galeano, avive la idea de llevar un anotador y varias lapiceras.

Es una edad justa de cambios y revoluciones internas. Ruido. Llamamos al silencio, como Benedetti, como Marcos. Ellos si saben/sabia apreciarlo como elemento de lucha provechoso.

Están robándome el tiempo. Ellos usurpan mis  ganas. La vida. Los ideales.
24 horas. Duermo 4 o 5 horas. Trabajo nueve –el labor pesa mas que el sueño- . 1 hora al día la ocupo en bicicleta. 2 horas se dedican a un segundo trabajo mucho más placentero (y como es placentero, claramente el sistema lo empeña en no gratificármelo de manera capital. No importa). 1 hora más para zamba. La comida, el amor, la vuelta. Lo demás puede derivarse en placer. Ensayos, música, sueños, amores, amigos y unos viajecitos.  
Si. Sacando cuentas sistemáticas –como nos acostumbraron- solo 7 horas, con suerte, estamos dedicándoselas a la necesidad principal del ser humano: La vida, los ideales, las ganas, la expresión.
ME ESTAN ROBANDO.

Sin contar las horas, pensaba con bronca, cómo puede ser que no ocupe mi tiempo –sin tiempo- en la gente.
            Seguía en el subte, mientras nadie se miraba con nadie, carcomiéndome el cerebro con innumerables palabras para descifrar a otros seres humanos que necesitan ser conocidos.
Capaz no hace falta escucharlos. Hará falta mirarlos, mostrarles unas sonrisas naturalmente convincente, de esas que trasmiten ganas, ideales y vida.
            Maneras. Miles. Una expresión, creatividad, un momento de esparcimiento. Una mirada, una pequeña acción.
            Una foto. Tiempo sin tiempo. Una charla. Un rato de miradas. Un deseo cumplido. Una patadita a la ilusión. Silencio, cuerpo a cuerpo.          

¿A quien denuncio por este robo?
            A mi…

jueves, 7 de febrero de 2013

Mamá Quilla



Luna abriéndose paso.
Es hora. La simpleza.
Acompaña. Abraza. A la tierra.
Camino sobre ella. Un paso, esperanza. Un paso, conciencia.
Un salto no hiere.
Invoca una copla.

No hay donde mirarse.
Escasa falta
La sombra del viento podrá teñirte con las partículas bondadosas de la montaña
Cantará sus penas
Desdibujará la figura.
Un paso más, esperanza. Un pie, tierra.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Puentes.




 Sucia y feliz. Con arena abrazándome en otra tierra que no es la mía –o al menos me enseñaron que en el mundo hay ciertos límites donde las cosas dejan de ser mías y tuyas- Igual, como el sentimiento es mucho más fuerte vamos a cambiarle el concepto a la palabra frontera.  La dificultad de erradicarla. La simpleza de una estrategia engañosa con el fin de borrar los limites para siempre.  
            Frontera, música
            Frontera, compartir
            Frontera, comunicarse desde el mar amigo.          
           
Lejos del delirio, cerca del mar, de la luna –que al parecer anda con novio porque esta más bella- uno puede brindarse a las raíces en cualquier lugar. Pasito a pasito, la arena en tus pies forman parte de vos, de una caricia tierna y sensible. El agua emerge en tu cuerpo, comienza la metamorfosis producto de sal gentil y colaboradora a la hora de asearte.
            La noctiluca famosa, no aparece, pero la energía se asoma a pasos furiosos cuando frotas las manos cerca del mar, en el círculo de los seres queridos. Los mismos con quienes celebras un mundo nuevo, y la estrategia misma de cambiar el significado de una palabra con tal de compartir a través de la música, cantando, pintando un cuadro colectivo, cocinando, uniéndonos frente al fuego. Un abrazo. Un beso. Una mirada “fronteriza” –con nuestro nuevo concepto de la palabra-  
                        Definitivamente, creamos puentes (aunque muchos no nos crean). Vos de un lado del mar. Yo del otro sin olvidarme de la Construcción hormiguera y obrera.
Difícil, complicada y hermosa.

sábado, 11 de agosto de 2012


Un mandatario pelotudo –mejor dicho más vivo que pelotudo- Pensaste.
Recordaste al gordo Soriano, y deseaste volar en el “Torito” y llenar de mierda la municipalidad y a los policías, dueños de la privación de tu libertad, de tu imaginación, y dueños del discurso invertido.

Suena comprador, es cierto. Desliza palabras vendedoras con una vos bajita, dice preocuparse por tu voz y por tu voto. Promete defenderte y hoy suena como patrón, como generador de tu opinión. Agobian las palabras llenas de privatización hasta de la expresión.

Patrón de tu locura, y de la de todos. de los que pueden manejarlo, y de los que no también.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Amas de casa poco desesperadas.


Pensé que la tarea era fácil, rápida. Ahora lo veo como una obligación complicada, en las horas donde el mal humor llama a tu puerta para que no te olvides que existe y que siempre estará rompiéndote las pelotas, en el mejor sentido de los dichos. Y mientras puteo, doblando ropa, acomodando zapatillas, pasando el trapo en el baño, lavando ropa, limpiando la cocina, tirando el botón que jamás llegaron a apretar, o en el momento de cambiar el papel higiénico que el de adelante nunca cambió, seguro por falta de tiempo. En ese preciso instante, me hago algunos cuestionamientos respecto a este lado oscuro de la limpieza y el orden cotidiano.

¿Quién dijo que se debe barrer todos los días?

¿Quién olvido escribir dentro de los siete pecados capitales que, si o si, debe bajarse la tabla después de orinar? Atentí con este punto. Acá, sinceramente, puede pasarte lo peor si no llegas a cumplir -a raja tabla- con las normas religiosas. (reclamo generalizado entre las mujeres)

¿Por qué los hombres se aprovechan de un solo olvido para echártelo en cara, alrededor de 48 horas seguidas? No es justo. Ellos se la pasan dejando todo tirado. Y vos ahí, como una zorra, detrás de ellos para doblarles la ropita.

Otra cosa, alguien debería agregar en los prospectos cuánto baygon se echa antes de quedar cuasi envenenada. No somos expertas ¿Ok?

¿Es necesario gastar un tarro de lysoform por semana? Definitivamente, NO.

En momentos de locura total, ¿podemos echar a nuestro compañero por un rato? O ¿solo tenemos que respirar, profundo, durante unos minutos con el fin de no mandarlo a cagar? Personalmente, opto por la primera opción, sumado a unas lindas oraciones como: “Andate bien a cagar. Nos ves, me la paso limpiando para que vengas y dejes todo tirado. Mierdaaaa”. Capaz, lo último, puede validarse después de un par de años de convivencia. Podemos analizarlo según el caso.

¿Resulta dificultoso no mojar el espejo y el piso del baño para lavarse la cara?

Y la curiosidad –mi curiosidad- todas estas preguntas, con obvias respuestas, terminarán con un desenlace feliz. Digo, ¿cambiarán para bien? O ¿colapsaremos con un sinfín de puteadas apropiadas para la ocasión?

No se, deslizo el análisis. Veámoslo entre mujeres.

Aclaración: Todo hecho parecido a la realidad es pura coincidencia.

domingo, 29 de agosto de 2010

Por no acariciarle el "culito"


Pueden pasarte muchas cosas si no destapas el mate con fervor. No es una teoría científica. Más que nada es una cuestión de fe antes del frotado, acompañada de una seguridad tremenda y absoluta, aunque algunos lo desmientan.

Si posees grandes inseguridades o dudas en demasía será mejor que no lo intentes, lograrías potenciar tu frustración, no solo porque arruinarías el mate, sino porque, también, descifrarían la inexperiencia del cebador. Y por más que quieras echarle la culpa a la bombilla -pobrecita-, ella no tendrá el pecado encima. Podrás refregarla, hundirla a presión bajo la yerba lavada, empujar y redondear por debajo del mate, hasta lo más hondo, sin embargo no lo lograrás ¿por qué? porque ya destruiste la obra de arte verde y burbujeante. Acto seguido, Te sacarán la ficha de incapaz, arruinador de mates, quemador de yerba e inexperto en la materia cultural argenta por excelencia. Sin contar que tu inseguridad brotará al punto máximo de tus extremidades.

La gente ansiará tu mate, amargo, y se lo darás dulce, lo que empeorará la situación. Pues justo, en ese instante, tus amigos tendrán los bizcochos (Jorgito) entre los dientes y sin un "amargo" deberán optar por darse patadas en el pecho, entre si, con el propósito de intentar bajar esa masacota grasulienta, de agradable sabor.

Pero claro, como vos y tu inseguridad repudiaron el acto religioso de las caricias afables (a algo que jamás te gritará por hacerlo) se irá todo al carajo. Chau momento cultural. Y a la mierda los bizcochos, la charla, el agua a punto, la bombilla en condiciones y tu reputación.

domingo, 22 de agosto de 2010

Temáticas para discutir en familia


En la mesa pueden discutirse una diversidad de temas que por lo general atraerán algunas riñas entre amigos. El momento yacerá en la sobremesa. Bien llenos, el cerebro comienza a carburar diferentes preguntas para largar una guerra de la palabras, opiniones encontradas, puteadas y algún que otro gesto cómplice.
No es por aburrimiento, sino por el placer de sentirse imbatible e invencible productor de discursos en contra de la posición de los demás.
Algunas de las temáticas a abordar puede ser:


El primer tema para intervenir la paz de la sobremesa viene de la mano de una pregunta clásica del 2010: ¿Estas de acuerdo con el matrimonio homosexual?
Acá se pudrió todo, de verdad. Los gritos se asomaran a las calles, los muchachos quedarán escasos de cigarros después de defender su posición a favor o en contra, las mujeres pedirán calma. Y como resultado del coloquio, jamas se llegará a una conclusión clara porque los gritos abrirán juego a otra discusiones y mal tratos varios. Puedo asegurarlo, más de una persona se levantará de la mesa, se enojará y no hablará por un rato largo.

Otra pregunta insurgente deviene de la historia política Argentina. ¿peronchos o radichetas?. Aclaración: en caso que la mesa este compuesta por fachos irrisorios será mejor dejar la charla/debate para otro día. Mejor, evitar la siguiente frase: "estábamos más seguros con los militares en la calle".

La lista recorre un sin fin de oportunidades para inquietar a las personas, volverlas apasionadas o todo lo contrario. Sin embargo, no hay nada más lindo que la de crear una polémica, como en la televisión, pero sin informantes que tuerzan la opinión de los televidentes.


sábado, 24 de julio de 2010

¿De dónde viene la injusticia?


Ahora si recuerdo de donde viene la injusticia, entre palabra y contendido. Estamos de acuerdo si digo que todos vamos a sufrir alguna injusticia. Demasiadas fueron las mías, de hecho algunos se habrán salvado porque me tocaron, injustamente, las de otros.

Descubrí, sin duda alguna, que la injusticia esta en nuestras vidas desde que existe el fútbol, o algo similar a ese deporte en el que mundo indígena intentaba recrear, antes que los españoles arrazaran con ellos y con algunas cosas más.

Y no solo me refiero a la historia que coincide, sino al deporte en si. Dentro de la cancha no ganan los mejores jugadores o los equipos increíbles; allí triunfan los peores: meten los goles de pura suerte, juegan mal pero ganan de culo y hasta el peor queso del fútbol obtiene su campeonato gracias a la "ayudita" del arbitro.

Fuera del cesped, un Presidente o un Jefe de Gobierno puede salir ileso de cualquier acusación y puede ser nuevamente electo gracias a la "ayudita" de algún hombre más poderoso que solucione sus problemas a cambio de una suma, considerable, de dolares
Sabemos que así pasa con todo, empero en el mundial supe darme cuenta de dónde viene la injusticia.

Es lo que deja un campeonato del mundo ¿Qué se le va a hacer?

viernes, 16 de julio de 2010

lunes, 5 de julio de 2010

El libro de los abrazos

Hoy me levante leyéndolo. Pocas veces me despierto con ganas de leer, más que el diario -por obligación-. Galeano me inspira ganas de dejar todo e irme a la mierda, de mi trabajo, de mi ciudad, de las pelotudeces menores y de las pelotudeces mayores.
Por esta simple razón les paso el libro para que puedan bajarselo. No es muy copado leerlo por la pantalla de un computadora...pero como son cuentos hermosos, llenos de contenido, vale leerlo como sea y por donde sea.




viernes, 2 de julio de 2010

Chau, jogo bonito






Salí de casa, uno a cero a favor de los del "jogo bonito". Voy a la cerrajería uno a uno, gol en contra de Brasil. Camino a la parada del colectivo, empece a escuchar bocinas (muchas) entonando un ritmo pelculiar, similar al son del festejo. No sabía si habian convertido los de naranja o los amarellos. Debo reconocer que por algunos miseros segundos pensaban todos como yo "la copa tiene que ser latina, por lo tanto veo bien que ganen los brasucas"....pero no. Arribe el 34, y definitivamente fue gol de los holandeses.
Pongo a perros de la calle y el Bambino iba comentando los último minutos del partido. "Una belleza. Amsterdam está de fiesta" decía el comentarista de lujo -y fiesteros como pocos, o como muchos, pero el más reconocido seguro-

Yo quería que Brasil gane. Yo quiero la copa latina.

miércoles, 30 de junio de 2010

Somos del medio


...Por lo tanto siempre nos meten en el medio. No tenemos chance de escaparnos hacia los costados, ni en palabras, ni en acciones demostrativas y hasta en los estético vivimos cagados por los medios.
Y no hablo solo de los de comunicación que nos confunden, mienten y desarrollan sus análisis como se les antoja.

En clasificación o distinción de clases por lo general pertenecemos en el medio, aunque no sea así. Los ricos, a veces, se proclaman "de la clase media" para no llegar a la ostentación. Otros como Ricardo Fort - no puedo creer estar escribiendo su nombre- asaltan la excepción al caso del medio.
Los pobres, para no decir que son tan pobres dicen ser de la media, solo porque en muchas ocasiones las personas se drogan con prejuicios sobre la mierda de la clasificación de una persona.

Al margen de los estereotipos humanos económicos, existe otro problema. No hace falta mucha explicación, hijos de padres separados/divorciados, involuntariamente, se encuentran en el medio.

Si estas indeciso, oportunamente, te hallas en el medio.
Si te mandas una cagada, definitivamente, permaneces entre la culpa y la buena acción.
Si algo te da lo mismo, seguís en el medio.
Si queres quedar bien con todos, permaneces en el medio, porque como dice el dicho "quedas bien con Dios y con el Diablo", o sea.....ya saben donde están

Ni hablemos de los que se encuentran en el medio de una relación amorosa.

Será que nos encanta el medio, el diome, estar "entre"....

¿Nos gusta ser el fiambre entre dos rebanadas de pan?


lunes, 14 de junio de 2010

Antes del puntapié inicial

Acostumbrados a vivir cerca del retraso tan cotidiano, me desperté tarde- por no decir demasiado-, apenas minutos antes del gran momento.

Desplegué los pies en el piso -no se cual primero, seguro fue el derecho-. Ante una mañana nublada y entre la llovizna molesta decidí entregarme a la ducha transformadora de buen humor, elegí la ropa que descansaba en el piso, me empilche para la ocasión y no suelta de abrigo (campera, gorro y bufanda) abrí la puerta de mi casa con el fin de ver la mañana con otro color de ojos.

Debo admitir, las primeras miradas se desviaron hacia los perros vestidos -también con bufandas-, al rato, llegando a la avenida Rivadavia, las palpitaciones surgieron efecto, entre otras cosas, porque ya sabía sobre mi retraso (respecto al tiempo, ya que mis problemitas mentales existen hace rato). Y, asimismo, sospechaba que mis amigos iban a tener las palabras adecuadas para crucificarme apenas cruzase la puerta: “vos si que la hiciste bien. Llegaste tarde para no ir a hacer las compras”. Y si, tenían razón. Mirándolo así, tiré a chanta.

Mientras avanzaba, las familias corrían alegres, algunas mujeres permanecían caminando, pero en las cintas de algunos gimnasios –hecho totalmente inexplicable-. Los más chicos aceleraban sus pasos, sobre la avenida, con el fin de no perderse absolutamente nada de la historia que se pegan en los álbumes de figuritas. Las panaderías no daban a vasto con las medialunas, los cañoncitos, los vigilantes y las tortitas negras, ya que iban a oficiar de bulto dulce y silencioso para intentar mantener a los maridos sin gritar, al menos por unos segundos. Los carniceros permanecían locos y dispuestos a tirar pedazos de carne, como si fuesen piedrazos, a quien se atreviera entrar segundos antes de la magnifica apertura; los verduleros no lanzaban el tomate y la lechuga por la cabeza de los clientes, solo para aparentar ser cortés; otros locales directamente anunciaban el cierre durante dos horas; las peluqueras estaban disfrazadas y sin ganas de chusmear; pero la nota de color fue para los automovilistas, los repartidores de todo tipo de productos condenados a trabajar ese bendito día. Ellos fueron quienes, con sus bocinazos y banderazos, marcaron la aproximación de la hora clave, del momento justo.

Señores, Dios se aproximaba con traje y candado y solo dos especies de humanos no estaban frente al LCD de 50 cuotas y no se cuantas pulgadas. La primera especie tiene características bastante conocidas: manejan (muy mal), son hombres, en su mayoría se ganan el premio al mal humor, no saludan y son capaces de tirarle el automóvil cerca de un charco con el único objetivo de mojar a al pobre individuo que se encuentre en la vereda. Si, acertaron, el primer espécimen se trata de los colectiveros.

La maldición se echó sobre ellos. Mejor dicho, la maldición del D10s cayó encima de los tipos con toppers blancas. Andar aumentando el ruido del motor para imposibilitar el grito de una ciudad entera al momento del cabezazo de Heinze fue una guachada inmensa, no lo voy a negar. Igualmente, fue un poco drástico e injusto, además, para la otra especie humana que no quiso levantarse temprano y –ups- llegó tarde con un insuperable objetivo: presentarse cuando la picada ya estaba, muy bien presentada, en la mesa y con la carne en el horno.

martes, 8 de junio de 2010

Clemencia

Cuando pegamos el estirón, es momento de meditar. Y cuando nos ponemos a buscar casa para empezar a volar solos es tiempo de analizar, la tiranía de la vida, que deja de ser cómoda y acolchonada, como “dios” manda.

Desde ahora, la vieja no va estar para dejarme la comida a temperatura, de hecho lo más probable es que almuerce milanesa de soja dura, porque solo ella sabe el tiempo exacto de horneado.

De ahora en más, voy a tener que reponer yo el papel higienico del baño, y si por una de esas casualidades se me llega a olvidar colocarlo ¿a quien voy a gritarle de forma urgente y desgarradora para que me lo alcance? Nadie

Y si me enfermo ¿quién me traerá la comida a la cama? ¿Quién me dará el antibiótico? Y ¿Quién se quedará al costado de la cama esperando que la fiebre baje? Nadie


Esto de crecer no esta muy copado. Buscar el hogar apropiado es un quilombo, soy un desastre para las cuentas. Por segundos me ilusiono con las ofertas increíbles, pero vasta llamar a las pelotudas de las inmobiliarias para que te bajen la ilusión de ondazo, con respuestas como “ya esta alquilado, que lastima, era una oferta” y en la segunda te matan el doble diciendo “para entrar necesitas: un mes depósito, quinientos meses de adelanto, debes hacerte cargo del sellado, etc. En total son unos cinco mil pesos.” Pido piedad.

De verdad, pido clemencia hacia los jóvenes que buscan una propiedad adecuada para alquilar. No solo tenemos que hacernos cargo de todo, sino también debemos desprendernos de las comodidades, geniales, que acarreaba vivir con mamá.



jueves, 13 de mayo de 2010

El salmón

Siento meterme donde no debo, donde las personas o yo (todavía no lo averigüe) corren contra la corriente. Acá, el que piensa pierde. Quien decide ayudar se mete en problemas en vez de encontrar soluciones para los demás. Ya no hay seguridad sobre las decisiones, es momento de perderse entre las convicciones aplastantes y rígidas como el plomo.

El humo me envuelve, me convence de que ese encubrimiento podrido se basa de aire de aire puro y natural. Y hasta en un punto termino creyéndolo.

La real idea de cambiar el mundo, como lo pensaba hasta hace unos meses atrás, se me resbala de las manos. Antes podía sentarme durante horas a discutir sobre la existencia de seres humanos, jóvenes, con ganas de cambiar el mundo. De hecho la ilusión de juntar un ejército de voluntarios no podía desprenderse de mi cuerpo, de mi alma y mi cerebro. Poseía ideas claras e irrefutables, convincentes, sobre la ilusión de poder fundar un sistema mejor. Pero ya no.

Hoy si viniera Juan Carlos, compañero de militancia un tanto mayor, a decirme que el mundo no se puede cambiar por más ganas que le pongas, debería agachar mi cabeza para contestarle: “tenes razón Pipi”. El antiguo dicho, en este caso, tiene la verdad: El diablo sabe más por viejo que por diablo.

Poseo tantas razones que abandonan mi razón, que no comprendo para qué lado se dirige la buena gente. No hay ganas de escribir a raíz de la desazón. Yo quería cambiar el mundo, al menos algo.

Quizás sea la hora de convertirme en un pez “normal”, haciendo y diciendo cosas un poco más lógicas. Nadando para el lado que nadan todos, sin chistar, ni preguntar y ni se me ocurriría pensar.

viernes, 19 de marzo de 2010

La"Pajerosidad" del hombre


La tocadita de culo arriba de la bici no garpa. Una se encuentra totalmente indefensa, y más si el de las manos locas es un motoquero. Agarrarlo es prácticamente imposible, aunque en ese instante, mezclado entre bronca e impotencia, una piensa que con la bici puede lograrlo porque las ganas de patearle la cabeza, tirarlo de la moto y romperle la nariz son bastantes.

Después del mal momento, una sigue pedaleando con el enojo a cuestas, mientras el “pajero”, seguro, anda por la calle cagado de risa ya que logró apretarle el culo, como si fuese a exprimir una naranja, a la pobre chica de la bici, o sea yo. Y lo peor del caso es: el comentario del poder y la viveza con que lo narrará frente a sus amigos, que por supuesto sonreirán y lo felicitarán por su gran demostración de hombría y "pajerosidad" .

Y sin embargo yo, me sigo preguntando por qué los hombres son tan pajeros y cara duras. Ya dan asco. Nadie les niega mirar a las mujeres o decirles un piropo –apropiado-, o un chiflido – menos el del bicho feo -. No vamos a negar que un "piropin"a la mañana nos puede dejae contenta por el resto del día, siempre y cuando no estemos camino al periodo femenino (en esa etapa del ciclo lo más probable es que larguemos un manojo de puteadas); pero tocarle el culo a una mina/piba/pendeja/señora/joven/jovenzuela arriba de la bicicleta para después salir corriendo es muchoo muchachos.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Autoayuda

Pocas veces ayudo a mi suerte. De hecho lo única vez que la socorrí me salió mal, realmente pésimo. En la última ocasión que utilicé el saco rojo, introduje diez pesos en el bolsillo de la misma y antes de sacarlo para guardarlos en la bilítera o bien gastarlos en cualquier pelotudez dije: “voy a dejarlos ahí para cuando la use nuevamente me encuentre una sorpresa”.

Pero la auto-suerte me salió tan mal que cuando volví a ponerme el saco, y tres segundos después recordé –ante mi memoria tan austera- que la plata la deje ahí apropósito.

Una tarada, la idea era no recordarlo y a posterior quedarme contenta, reflexionando sobre la aparición –como acto de magia- repentina del billete. Pero no, nada de eso sucedió. Definitivamente, la auto-suerte no suele posarse sobre mi realidad.